Queridos Amigos. ¿Cómo están? Seguimos avanzando con nuestras reflexiones dominicales. El texto del Evangelio que escuchamos hoy, es la continuación del texto del domingo pasado. Se nos dice que la semilla de la Palabra Dios que ha caído en tierra buena y fértil, que comienza a crecer, a desarrollarse, corre también el peligro de no producir fruto. En esa buena tierra el “enemigo” puede sembrar la cizaña, o la hierba mala. 

         ​San Mateo lo describe muy bien: “Jesús propuso otra parábola a la gente diciendo: El Reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo; pero, mientras los hombres dormían, un enemigo fue y sembró cizaña en medio del trigo y se marchó. Cuando empezaba a verdear y se formaba la espiga apareció también la cizaña. Entonces fueron los criados a decirle al amo: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde sale la cizaña?”. Él les dijo: Un enemigo lo ha hecho”. Los criados le preguntan: ¿Quieres que vayamos a arrancarla?”. Pero él les respondió:No, porque al recoger la cizaña pueden arrancar también el trigo. Palabra de Señor. Gloria a Ti Señor Jesús.

​Para muchos comentadores del Nuevo Testamento, la cizaña o la mala hierba simboliza a todas las fuerzas que se oponen al mensaje de Jesús, a su Evangelio. En el mundo hay siempre una mezcla de buenas y de malas hierbas; algo que también está presente en el interior de la Iglesia y en el  corazón de todo ser humano. En cada uno de nosotros hay siempre una mezcla de buenas y malas hierbas, de gracia y de pecado. 

​Mis queridos amigos. La Parábola nos invita a reflexionar sobre la existencia del mal en nuestra vida. ¿Qué es el mal? ¿Por qué aparece y actúa en las personas? Jesús no lo aclara, lo que nos dice es que el mal actúa, es peligroso, que su efecto es algo real. 

​San Agustín, nos enseña que el mal no es una entidad ni una sustancia real, sino una privación o ausencia de bien. Al igual que la oscuridad es simplemente la falta de luz, el mal no fue creado por Dios, sino que surge cuando el ser humano hace un mal uso de su libre albedrío.

​Todos tenemos la experiencia empírica del mal o de las fuerzas del mal en el mundo, en las personasPara ejemplificarlo, me pregunto: ¿No nos criticamos, calumniamos, odiamosIncluso¿no nos matamos?; ¿No cometemos exabruptos,no somos tóxicos y hasta intolerantes en la vida diaria? ¿No robamos?

​El filósofo griego Sócrates partiendo del“optimismo intelectual nos decía: “la gente no es mala, simplemente actúa por ignorancia. Y su gran tarea era enseñar, sacar a la gente de la ignorancia. Pero, las malas acciones no siempre acontecen por falta de conocimiento. Quienes nos gobiernan, los diputados y senadoras, jueces y letrados, ¿no saben que el robo es un delito? Sí,lo saben, y sin embargo lo hacen. Pregunto: ¿Lo hacen por ignorancia? No. Entonces: ¿Por qué lo hacen

​Aquí, llegamos a la raíz del problema. No alcanza saber lo que es bueno y lo que es malo. La naturaleza del hombre no es perfecta, quedóherida por el pecado original, está debilitada, rota por dentro. San Pablo analizando su vida se pregunta: ¿Qué me pasa, porque no hago el bien que quisierasino el mal que detesto? No soy yo quien obra mal, sino el pecado que está dentro de  mí. Y termina diciendo: Puedo querer el bien, pero no realizarlo”.

​Mis queridos amigos. Para obrar éticamente bien, el hombre necesita de Dios y de la gracia de Dios. La GRACIA es el regalo gratuito y más valioso de Dios, que nos sana y que nos llega por Cristo y por sus sacramentos. El mismo Jesús nos dice: “Separados de mí no pueden hacer nada” (Juan 15,5).

​Concluyendo, la Parábola del trigo y la cizaña tan bella y profunda, nos enseña muchas cosas significativas: 

Primero. El bien y el mal conviven en el mundo y son inseparablesDe la misma manera que el trigo coexiste con la cizaña, en nuestra sociedad habrá siempre coexistencia de hombres limitados, debilitados interiormente. No somos ángeles ni vivimos entre ángeles. Pretender una sociedad perfecta, e inmaculada es un error o una falsa ilusión.

Segundo. Siempre habrá coexistencia del  trigo y cizaña en el corazón de cada uno de nosotros. El hombre perfecto no existe. La pareja perfecta no existe; la familia perfecta no existe. Y esto debe hacernos más tolerantes, humildes y comprensivos. 

Tercero. Nos invita a practicar la paciencia, a no apurarnos con los comentarios precipitados, fáciles, desconociendo la realidad, no calificar a las personas que nos rodean con juicios prematuros. Es muy fácil desparramar las plumas, y después ¿quién las recoge? Que importante esaprender a esperar. 

Que Dios nos bendiga