Queridos amigos de todos los domingos. ¿Cómo están? ¿Cómo se encuentran? Un 29 de julio hace 26 años se quitó la vida el Dr. René Favaloro. Para mí, se trata de un “prócer” porque ha salvado y sigue salvando la vida de miles de personas. Desde muy joven sentía la llamada de Dios a hacer algo grande e importante por la humanidad. Dios le regaló muchos talentos, pero – como él mismo lo dice – trabajaba duro estudiando y esforzándose porque sabía muy bien que no se logra nada sin esfuerzo. Después de descubrir el “bypass”, le llovieron numerosas ofertas paratrabajar en las más sofisticadas clínicas del mundo, pero René volvió de Estados Unidos a Argentina para brindar su servicio a nuestra Patria, pensando en tantos hermanos necesitados. Tenía sueños, proyectos, encontró su “perla preciosa”. Pero, lamentablemente, no encontró apoyo en nuestra sociedad. Sintiéndose abandonado por los gobiernos de turno, por falta de apoyo de muchos diputados y senadores, incluso por sus colegas médicos, desesperado, tomó la decisión de terminar con su vida. Hoy, su ejemplo nos conmueve, emocionan sus ideales, su amor a los hermanos necesitados, y su estilo de vida tan austero y servicial. Nos ha dejado un legado maravilloso que deberíamos colocar en muchos lugares con mayúsculas: “UNO NO SOLAMENTE DEBE VIVIR PARA SÍ MISMO, SINO QUE DEBE VIVIR PARA LA COMUNIDAD Y HACER ALGO GRANDE POR EL MUNDO EN QUE VIVE

Comienzo mi reflexión con el ejemplo del Dr. Favaloro, porque su mensaje, su vida, nos ayudan a comprender mejor el evangelio de hoy.

San Mateo en el Evangelio de hoy nos dice“…En aquel tiempo,dijo Jesús a la gente: El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante de perlas finas, que al encontrar una de gran valor se va a vender todo lo que tiene y la compra…” Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús.

​Mis queridos amigos, en esta bella parábola del tesoro escondido y de la perla preciosa se destacan dos cosas importantes que, a continuación, me permito desarrollar:

Primero: el Reino de los Cielos no es semejante al comerciante, sino a la perla. El comerciante simboliza la postura del verdadero buscador de ese reino, se subraya la actividad que debe desplegar el hombre para involucrarse en la construcción del reino de DiosEl comerciante se juega, arriesga, invierte. Digo: ¡Qué tarea hermosa que nos encomienda el Señor a cada uno de nosotros y qué oportunidad! 

Segundo. La perla preciosa hace referencia al Reino de Dios, es decir, a un mundo justo, fraterno y solidario que vale la pena sacrificar muchas cosas para construirlo. Y como tal este mundo todavía no existe, es una utopía. Por un lado, el Reino de los Cielos, es la obra de Dios, pero por el otro su desarrollo y crecimiento depende de nuestra apertura y colaboración. Dios cuenta con nosotros, nos necesita y esto es maravilloso.

Una de tantas personas que ha comprendido el mensaje de la parábola de hoy es la Madre Teresa de Calcuta. Ella misma nos cuenta su historia. Yo era profesora en la India en la High School. Todo parecía normal, pero un día todo cambió. Entrando en el templo vi a una niña de 12 años, hambrienta y temblando de frío, pedía dineroPero nadie se lodaba… Me sentía indignada con la indiferencia de la gente. Me preguntaba: ¿Por qué Dios no hace nada? ¿Por qué lo permite? Y una noche, durante el  sueño, Dios me decía: Madre Teresa, ¿cómo no hago nada?: “Te he creado a ti”. En un instante descubrió que su misión era ocuparse de los más débiles.

El mensaje de la Palabra de Dios de hoy, se dirige en modo especial a cada uno de nosotros. Usted, querido amigo, alguna vez se ha preguntado: ¿Para qué Dios lo ha creado? ¿Para qué está en el mundo? Su existencia, ¿es pura casualidad? No lo creo. Cuando Dios crea, crea para algo grandeúnico, irrepetible. Lo sabían bien Rene Favaloro y la Madre Teresa de Calcuta. 

Más allá de nuestras buenas intenciones, logros a nivel personal, más allá de la fama y la popularidad logradas, la pregunta fundamental es: ¿qué aportamos para crear una sociedad justa? ¿Nos involucramos, nos ponemos la Patria al hombro que tantas veces nos pidió el Papa Francisco? ¿Nos interesa la educación de las futuras generaciones, la salud de nuestros hermanos¿Los candidatos, los que se presentan en las campañas electorales, se proponen servir al pueblo o simplemente servirse del pueblo? 

Quiero concluir mi reflexión citando las palabras del ministro de gobierno y sucesor de Manuel Belgrano en el mando del Ejército del Norte, Francisco Fernández de la Cruz, quien nos decía: “…que no fuese el mármol ni el bronce, sino los pechos de los ciudadanos, donde se inscriban las virtudes del general…”. Que Dios nos bendiga.