​Queridos Amigos. ¿Cómo están? En el centro de la Liturgia de la Palabra de Dios de hoy está el tema de la multiplicación de los panes. Hace años, el Papa Benedicto XVI refiriéndose a este texto del Evangelio, escribía estas bellas y profundas palabras: “Lo que la Iglesia tiene que dar al mundo es lo que sólo ella puede dar: la Palabra de Dios, de la que el hombre no tiene menos necesidad que del pan de esta tierra. El hombre es y sigue siendo un ser, en el que no sólo su estómago tiene hambre, sino también su espíritu y su corazón. Es un ser que no solo tiene hambre de comida, sino hambre de sentido, de amor y de infinitud. Es muy grave la falta de alimentos, pero no menos lo es la situación del ser humano que ha perdido la brújula en la vida y no sabe para qué vivir y para qué luchar”. 

​Cito estas palabras porque iluminan estupendamente el texto de hoy que nos dice: “Al desembarcar vio Jesús una multitud, se compadeció de ella y curó a los enfermos. Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren comida. Jesús les replicó: No hace falta que se vayan, denles de comer ustedes mismos. Ellos le replicaron: Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces. Les dijo: Tráiganmelos. Mandó a la gente que se recostara en la hierba y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos y se saciaron y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niñosPalabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús. 

​Ante la situación existencial tan escandalosa de muchos de nuestros hermanos antes y hoy podemos tomar distintas actitudes. Me permito señalar sólo algunas. 

La primera, es la actitud de los discípulos del Evangelio de hoy. Ante la situación de hambre del pueblo, manifiestan la indiferencia, piden a Jesús que despida a la gente. Acuden a lo que nosotros también sabemos hacer: “Sálvese quien pueda” o“No te metas”.

La segunda, es la actitud de Jesús, totalmente opuesta. Jesús se hace cargo de la situación, ordenaa sus discípulos diciendo: “Denles de comer ustedesmismos. De esta forma Jesús nos dice que: la solución del hambre es responsabilidad de todosde los que nos gobiernan, de la Iglesia, de usted,querido amigo también. Lavarse las manos o mirar al costado, no es la mejor forma de ser cristiano y humano. El otro, pobre y necesitado no es un ser lejano y ajeno, es su hermano. ¿Alguna vez comprenderemos esto?

La tercera actitud nos invita a responder¿de qué lado estoy yo? ¿Cuál es mi actitud?, es decir: ¿cómo actúo cuando alguien mpide pan, alguna limosna, alguna ayuda¿Qué hago cuando  que hay algunos que roban el pan que corresponde a todos? Lo importante no es lo que decimos, sino lo que hacemos.

​Cinco panes y dos pescados del Evangelio de hoy suman siete, es decir, el número que indica la totalidad. Y el número siete no es pura casualidad. Se nos dice que no importa que nuestros medios sean muy pobres; lo que importa es que sea todo lo que podamos ofrecer, luego Jesús hará el resto.Cuando la gente comparte lo que tiene, acontece el milagro de la multiplicación de los panes. Y este milagro se realiza de forma silenciosa todos los días en los merenderos, en los comedores comunitarios. Lo hacen las mujeres y los hombres con un corazón generoso. ¿Cómo lo hacen? no lo sé, pero lo hacen.

​El mandato de Jesús de hoy: “Denles de comer ustedes mismos” nos desafía a todos. Para solucionar la situación angustiosa de muchos de nuestros hermanos, los cristianos, no podemos estar ausentes. Nuestra misión en el mundo no es de indiferencia. Todo lo contrario, debemos luchar contra las desigualdades, contra el despilfarro y el robo; contra las excesivas diferencias entre unos y otros.

​Hay hambre de pan que afecta hoy a millones de seres humanos, pero también hay hambre de sentido de la vida que afecta a otros muchos millones. 

​Mis queridos amigos. Pidamos a Dios que nos ayude a potenciar nuestra solidaridad y nuestro amor con los demás: a satisfacer el hambre de pan yde sentido de la vida de tantísimos hombres.Nuestra vida como decía San José Freinademetz es muy breve y nuestro tiempo demasiado precioso para no jugarnos por los demás

​Que Dios nos bendiga.

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