Queridos Amigos. ¿Cómo están? ¿Cómo se encuentran? Hoy en toda la Iglesia celebramos la Fiesta de la Santísima Trinidad, uno de los dogmas más importantes de nuestra fe. El padre Arnoldo Janssen, fundador de la Congregación del Verbo Divino a la cual pertenezco, tuvo una profunda devoción a cada una de las personas, al Dios Padre, al Dios hijo y al Dios Espíritu Santo. Veneraba a la Santísima Trinidad dejándonos una espiritualidad trinitaria y misionera. Pero hoy no alcanza recordar lo que él vivía, sentía y enseñaba. La pregunta que nos debemos hacer es: ¿Qué nos dice a nosotros esta verdad hoy, en el tiempo que nos toca vivir?
El dogma de la Santísima Trinidad afirma que nuestro Dios no es un ser solitario, es Dios Familia, es Dios comunidad.Por consiguiente, todo lo que acontece en Dios Uno y Trino, es decir: la comunión, la comunicación, la unión, el diálogo, el amor, debe reproducirse en nosotros y en nuestra sociedad. Porque, si no se practica lo que se predica, ¿de qué nos sirve?
Mis queridos amigos. No es fácil aceptar y vivir el dogma de la Santísima Trinidad, porque: ¿cómo comprender o explicar que en un solo Dios hay tres personas?A continuación quiero compartirles esta simple y profunda historieta; “Cuenta la leyenda que San Agustín, el más grande teólogo de la patrística se preguntaba casi toda la vida sobre el misterio de Dios Uno y Trino. Un día, paseando por la playa, vio a un niño cavando un pozo y tratando de llevar el agua del inmenso mar al pequeño hoyo. Se acercó y preguntó: Niño, ¿Qué haces? Estoy trasladando el mar a este pequeño hoyo. Pero esto es imposible. Y dice la leyenda que el niño le contestó: lo lograré antes que tú comprendas lo que es la Santísima Trinidad”.
Hoy, iluminado por esta bella leyenda más que ofrecerles un discurso teológico, me propongo señalar algunas implicancias prácticas y concretas para nosotros y para la sociedad de hoy.
Primero, lo que debemos afirmar es que la Fiesta de hoy es un fuerte cuestionamiento de la sociedad actual tan fragmentada, dividida y empobrecida. ¿Nuestras relaciones interpersonales seguirán marcadas por la permanente confrontación? ¿Nuestra vida social estará signada por la fragmentación? ¿Algo nos impide fundar nuestros vínculos en un diálogo sincero y constructivo para el bien de todos? ¿No podemos o no queremos hacerlo?
Segundo. A la sociedad actual que “sacrifica al hombre, a los pies del ídolo “del tener y del dinero”, se nos dice que las relaciones de amor, unión, servicio y comunión que se dan en la Santísima Trinidad, deben replicarse en nuestra vida. Hoy más que nunca necesitamos aprender a decir sí al encuentro y no al choque; sí al diálogo y no a la violencia; sí a la negociación y no a la hostilidad». ¿Por qué con tanta frecuencia levantamos muros en vez de edificar puentes?
Tercero. La Fiesta de la Santísima Trinidad nos recuerda que todos los seres humanos fuimos creados a imagen y semejanza de Dios; todos tenemos la misma dignidad, somos hijos de Dios. Con mucha claridad, la Doctrina Social de la Iglesia siguiendo el magisterio de los papas, nos recuerda: “la persona es el principio, sujeto y fin de todas las cosas”, y no se la puede usar como objeto o medio para lograr otros fines, como con frecuencia sucede. El hombre vale por lo que es y no por lo que hace o por lo que tiene. Consiguientemente la economía, la política y todo lo demás deben estar al servicio del hombre y no el hombre al servicio de las cosas.
Cuarto.La fiesta de hoy es una excelente oportunidad para detenernos a reflexionar sobre lo que somos y hacemos y preguntarnos con sinceridad: ¿Qué estamos buscando? ¿Qué intereses nos están moviendo? ¿Hacia dónde camina la humanidad? ¿Nos interesa la prosperidad y el Bien Común de nuestra Patria, de todos sus habitantes, especialmente de los más necesitados|? Hace unos días celebramos un nuevo aniversario de la Revolución del 25 de mayo, recordando el GRITO DE LA LIBERTAD. Lo hicimos emocionados, cantando el Himno Nacional con lágrimas en los ojos, anhelando una Patria más justa y fraterna. A muchos nos inquieta y preocupa el panorama sombrío de nuestra Patria. Muchas cosas no están bien, pero algo en lo más íntimo de nuestro corazón nos dice que podemos cambiar el destino y la historia.
Que nos acompañen siempre las palabras del Padre Arnoldo Janssen, quien decía: “Cuando hayan hecho todo lo que estaba de su parte, Dios hará el resto”.
Que Dios nos bendiga.