Queridos amigos: ¿Cómo están? ¿Cómo se encuentran? Hoy celebramos la Fiesta de Pentecostés, cantando: “Pentecostés, día de fiesta, Pentecostés, día de gozo, Pentecostés día de la Iglesia, de la Iglesia del Señor.
Cuando san Pablo llega a Éfeso, pregunta a la gente “¿han recibido el Espíritu Santo?” Y le contestan: “Ni tan siquiera hemos escuchado que existe el Espíritu”. Sería poco serio hacer esta pregunta a la gente de hoy. Aunqueme parece muy oportuno preguntar: ¿Cómo aprovechamos su presencia? ¿Contamos con Él? ¿Pedimos sus dones de consejo, de sabiduría, de ciencia, de entendimiento, de fortaleza, de piedad, de temor de Dios? Tengo mis serias dudas teniendo en cuenta el estilo de vida que llevamos. San Bernardo de Claraval, el célebre abad, compartía con su gente estas sabias palabras: “Para obrar sabiamente, sean ustedes depósitos, no canales. El canal deja correr el agua que recibe sin conservar una sola gota. Por el contrario, el depósito se llena primero y después, sin vaciarse, derrama un abundante caudal –continuamente renovado – en los campos que fertiliza”. Al final, San Bernardo añadía con tristeza: “Hay en la Iglesia muchos canales, pero muy pocos depósitos”. La madre puede amamantar a su hijo, en la medida en que ella se alimenta a sí misma. ¿Verdad? Por consiguiente, vacíos de Dios:¿podemos comunicar a Dios?
Hoy todo el mundo habla del Espíritu Santo. Pero ¿se sabeverdaderamente quién es? El Espíritu Santo es un gran desconocido, y hasta tiene cierto aire de anonimato. Es más fácil hablar de Dios Padre, porque tiene referencias personales. También es más fácil hablar de Dios Hijo, porque, todos los evangelios hablan de Jesús. Pero, ¿quién es el Espíritu Santo? ¿Es una llama? ¿Es una paloma? ¿Es una brisa suave? ¿Es ruah, pneuma? Tal vez sí.
El padre fundador de la Congregación a la que pertenezco, SanArnoldo Janssen tuvo una devoción especial al Espíritu Santo. Es por ello que fundó una Congregación femenina de Hermanas Siervas del Espíritu Santo, con un carisma misionero para que sean una presencia viva y testimonial de Dios en el mundo. Hoy felicitamos a las hermanas, y alabamos a Dios por lo que hace en ellas y a través de ellas. Pero, vuelvo a preguntar: ¿Quién es El Espíritu Santo?
La mejor definición, que he encontrado hasta el día de hoy es la de San Juan, quien dice: “No se sabe ni de dónde viene ni a dónde va”. Se manifiesta, actúa. ¿Y dónde actúa? El Espíritu Santo toma mil rostros. Actúa en el mundo, en la Iglesia, en la economía, en la política, en todo. ¿En la política también? Sí. ¿Usted lo ve? A veces se lo ve más por su ausencia que por su presencia, pero actúa.
San Pablo en su Carta a los Gálatas nos da unos criterios maravillosos:“…es fácil ver lo que viene de la carne: odios, resentimientos, celos y violencia, ambiciones, divisiones y envidas, orgullo, soberbia… En cambio, el fruto del Espíritu es: caridad, alegría, paz, paciencia, comprensión de los demás, bondad, dominio de sí mismo”.
Pensemos, ¿Cuál de los dos prevalece más en la sociedad de hoy y en nuestra vida?
En las circunstancias actuales, Argentina, nuestra patria, necesita un nuevo Pentecostés. Hace cinco años estuvimos afectados por la “Pandemia del Coronavirus” y hoy nos afectan otras pandemias humanas no menos peligrosas como: la pandemia del egoísmo, del individualismo, de la corrupción, de la posverdad, de la mentira. «En este mundo traidor, – tal como lo dice Ramón de Campoamor- nada es verdad ni mentira; todo es según el color del cristal con que se mira». ¿Puede funcionar una sociedad basada en el “relativismo ético”?
Argentina necesita un aire nuevo, un soplo del Espíritu Santo, porque muchos corazones deben ser transformados y muchas actitudes deben ser cambiadas y renovadas. Ante esto, pregunto: nuestra sociedad, tan desunida, fragmentada y empobrecida, ¿puede cambiar sola por las fuerzas puramente humanas? ¿Usted lo cree? ¿Es la razón humana capaz de alcanzar la verdad absoluta, disipar cualquier ignorancia y orientar la vida hacia el bien sin el Espíritu Santo y sin la gracia de Dios?
Mis queridos amigos, reflexionemos por unos minutos sobre la Fiesta de Pentecostés que hoy celebramos. Renovemos nuestro amor a Dios y a la Patria, que nos dé la sinceridad para no llamar prudencia a la cobardía, al conformismo, a la comodidad; no llamar prudencia a no comprometerse, a no arriesgar nada personal.
Que Dios nos bendiga