El primero de octubre con la fiesta de Santa Teresita del Niño Jesús iniciamos el Mes de las Misiones. Cada año nos acompaña el mismo lema: “Vayan por todo el mundo, anuncien el Evangelio a todos los pueblos y que todos se hagan mis discípulos”. Si este Mandato Misionero es importantepara todos los cristianos, mucho más lo es para mí Congregación de los Misioneros del Verbo Divino, cuya finalidad consiste en llevar el EVANGELIO a todos los pueblos y culturas. Nuestro fundador el P. Arnoldo Janssen, un verdadero visionario, nos decía: “El anuncio del Evangelio es la expresión más sublime del amor al prójimo…”
Mis queridos amigos. Hace unos días terminó la visita del Papa León XIV a Francia. Se trató –según mi humilde opinión– de un evento pastoral extraordinario. Francia, que en otros tiempos era un país de santos y místicos, a partir de la Revolución Francesa se ha transformado en un país profundamente secularizado y laicista. ¿Qué le pasó a Francia? ¿Dónde perdió su bautismo? Hoy somos muchos los que nos preguntamos: la fe en Dios en Francia ¿de verdad murió?
El viaje pastoral del Papa León XIV indica todo lo contrario. Durante muchas décadas se imponía la educación sin Dios, eliminando los elementos religiosos, prohibiendo usar los símbolos cristianos, persiguiendo a los religiosos y sacerdotes y hoy nos despertamos sorprendidos: ¡la fe no ha muerto, está viva! Y es así porque el hombre, en su esencia, es un ser religioso. La dimensión transcendente no es un apéndice, es la dimensión constitutiva del ser humano y ninguna ideología, ninguna persona, nadie, absolutamente nadie puede arrancar la fe sembrada por Creador mismo en el corazón del hombre.
Me emocionó mucho ver como los jóvenes franceses en silencio,atentamente, escuchaban al Papa que les hablaba de Dios. Todos quedamos maravillados viendo como miles de ellos, en un estadio emblemático – Saint Denise – participaron en la Vigilia de Oración donde León XIV les decía: “Los placeres de este mundo, las cosas materiales que ofrece la sociedad de consumo no alcanzan para llenar el vacío existencial causadopor la “cultura del tener”. Los bienes materiales no salvan, las tecnologías no salvan, el fútbol tampoco salva. Solo Dios da sentido a nuestra vida”.¡Y esto es muy bello!
Ya hace tiempo, el escritor ruso Lev Tolstoi afirmaba: “Un hombre puede ignorar que tiene religión, como puede ignorar que tiene un corazón; pero sin religión, como sin corazón, el hombre no puede existir”.
¿Por qué a la Iglesia le importa tanto la evangelización? La respuesta es simple y clara: “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad”. Ya se globalizó la economía, se ha globalizado la corrupción. Es necesario también globalizar la solidaridad, la fe, el amor y la fraternidad. Verdaderamente los desafíos son muchos y la respuesta de nuestra parte también debe ser generosa.
El Domingo de las Misiones nos recuerda que la fe que hemos recibido gratuitamente debemos compartirla gratuitamente con los demás. San Pablo incluso llega a decir: “Ay de mí si no evangelizara”. No podemos limitar nuestra presencia cristiana en el mundo a una presencia silenciosa, reducida frecuentemente al culto o al cumplimiento de ciertas prácticas cristianas. No podemos aceptar vivir en una sociedad que pretenda menospreciar, incluso eliminar a Dios. No podemosacostumbramos a vivir en una sociedad en la que los padres ya no enseñen más a sus hijos a rezar ni a hacer la señal de la cruz.
Como pastor observo que, en la Iglesia, nos preocupamos mucho por la liturgia, por la doctrina y hasta por su prestigio, pero, percibo que haymenos preocupación por el impacto que debe tener hoy el evangelio en la sociedad. Y si el Evangelio no nos inquieta, no nos cuestiona e interpela, no denuncia los pecados de la sociedad en la que estamos viviendo, ¿para qué sirve?
Concluyendo, pregunto a los padres, educadores cristianos y no cristianos: ¿Qué mundo le dejamos a nuestros hijos? ¿La fe en Dios ocupa algún lugar? Muchos –me consta- afirman que aman a sus hijos e hijas, y esto suena muy bonito y honesto. Pero dejar un mundo cada vez más violento, inseguro, empobrecido, un mundo que se aleja de Dios, dudo que sea la mejor forma de amar a nuestros hijos.
También insisto con otra pregunta: ¿Qué hijos le dejamos a nuestra Patria? ¿Personas bien educadas, preparadas, buenos cristianos?
Pensemos por unos minutos sobre estas afirmaciones tan desafiantes para los tiempos de hoy. Porque si el cristiano no evangeliza: ¿para qué sirve? Si usted querido amigo no evangeliza: ¿qué clase de misionero de Cristo es?
Que Dios nos bendiga.