Queridos amigos de todos los domingos. ¿Cómo están? En el Evangelio de hoy Jesús nos invita a reflexionar sobre “el desempleo y el mundo del trabajo”, asumiendo nuestro compromiso de construir el Reino de Dios. La escena de hoy está tomada del contexto de Palestina, como la mayoría de sus comparaciones. En la época de Jesús, de fuerte crisis social, el desempleo era muy abundante. Los obreros solían reunirse en una plaza a la salida del sol, donde acudían diariamente los amos para buscar los obreros que necesitaban para la jornada completa. De esta forma el contrato se realizaba con suma facilidad. Sólo con los primeros trabajadores se concertaba el jornal «el monto por jornada«. A los contratados a media mañana se les indicaba que se les «pagaría lo debido»; lo mismo se haríacon los demás de la tercera y última hora.

San Mateo, con mucha meticulosidad lo narra con lujo de detalles diciéndonos: “El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña. Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: Vayan también ustedes a mi viña y les pagaré lo debido. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia el mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo. Salió al caer la tarde y encontró a otros parados y les dijo: Vayan también ustedes a mi viña. Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”.

Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno. Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotrosÉl replicó a uno de ellos: Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti”. Palabra del Señor. Gloria a ti Señor Jesús. 

​La enseñanza de la parábola puede parecer desconcertante hoy para muchos de nosotros. Dios no se rige por cánones estrictos de remuneración y de justicia humana, sino que actúa en clave de amor y de generosidad. Con unos es justo, con otros es bueno con los últimos es muy generoso. Sus criterios de actuar no coinciden con nuestros criterios humanos. Para el amo de la viña, vale más el hombre que trabaja, que el trabajo que él realiza. Choca fuertemente con nuestra sociedad fría y calculadora en la que tendemos a valorar al hombre por lo que rinde o produce y no por lo que es.

​La gran pregunta que plantea el Evangelio de hoy es: ¿Qué es peor: la queja de los jornaleros del amanecer por haber soportado el trabajo de todo el día, o la de los viñadores de la última hora que dicen: «nadie nos ha contratado«? Lamentablemente, esta es una experiencia dolorosa de muchos hermanos nuestros, que buscan y no encuentran trabajo. Ser explotado en el tiempo actual -como dice el teólogo chileno Pablo Richard-es un privilegio, porque muchos de nuestros hermanos están directamente excluidoso no cuentan para el sistema económico.

​La parábola de hoy, no es una página más: es una fuerte llamada a todos para preocuparnos más por la vida digna del hombre, que por el cumplimiento de una ideología que favorece a unos pocos y condena a una muerte lenta a muchos hermanos nuestros.

¿Eposible ser amo bondadoso del Evangelio de hoy ela sociedad actual? Contestando esta pregunta les comparto una historia llena de enseñanzas: Enrique Shaw nacido en 1921, empresario argentino, pronto será beatificado por el Papa León XIV. Se lo recuerda como uno de los empresarios más disruptivos de la historia argentina: lejos de quedarse en las comodidades y privilegios que le ofrecía su situación económica, eligió la sencillez. Se preocupó incansablemente por el bienestar y las condiciones de trabajo de sus obreros, con quienes aplicó los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, ganándose el apodo de “El empresario de Dios”. Enrique Shaw –según cuentan sus biógrafos- conocía por su nombre a cada uno de los trabajadores, la dificultad de sus tareas y sus historiasfamiliares. Así se ganó su respeto y afecto. En el tiempo actual es reconocida su entrega para humanizar el trabajo según el precepto del Evangelio. Vivió solo 41 años, pero dejó un legado maravilloso,diciéndonos que es posible humanizar el sistema capitalista privilegiando más al hombre que la ganancia. Pidamos a Dios que el Evangelio de hoy y el ejemplo maravilloso de Enrique Shaw nos ayude a ser amos bondadosos en cualquier lugar donde nos toca vivir y actuar.

​Que todos tengamos un lindo domingo. 

Que Dios nos bendiga.