Queridos Amigos. ¿Cómo están? ¿Cómo se encuentran? La Liturgia de la Palabra de Dios de hoy nos invita a reflexionar sobra nuestraMISIÓN PROFÉTICA. Se trata de un tema verdaderamente importantetanto para la Iglesia como para el mundo actual. Observando nuestra vida cotidiana, me surgen varias preguntas: ¿Sabemos hacia dónde caminamos?¿Sabemos por qué hacemos lo que hacemos? Es verdad, contamos con más herramientas, más tecnologías que en gran medida reemplazan al hombre, pero ¿El confort, la comodidad, nos hacen más felices? La vida ¿adquiere más significado? ¿Nos ayuda a descubrir por qué y para qué vivimos?Tengo mis dudas.
La primera lectura de hoy –tomada del libro del profeta Jeremías– describe el difícil momento del profeta. En el texto leemos: Dijo Jeremías: “Yo oía a mis adversarios que decían contra mí: ¿Cuándo por fin lo denunciarán? Ahora me observan los que antes me saludaban, esperando que yo tropiece para desquitarse de mí. Pero Dios está conmigo, él es mi poderoso defensor”. Palabra de Dios. Te alabamos Señor.
Para saber si cumplimos o no con nuestra misión profética es bueno preguntarnos: ¿Quién es el profeta? Si vamos a la Biblia encontramos esta simple y profunda descripción: “El profeta es un mensajero, unintermediario entre la divinidad y los seres humanos. Su misión principal es comunicar el mensaje de Dios, advertir sobre las consecuencias de las malas acciones y recordar los principios morales, más allá de predecir el futuro”.
La misión del profeta es impopular, difícil porque con frecuenciadebe cuestionar el comportamiento de los demás, corregir su conducta,recordando siempre los principios éticos y morales. Por eso, su presencia con frecuencia es mal vista, rechazada, e incluso odiada. El mismoJeremías en el texto de hoy confiesa: “Ahora me observan los que antes me saludaban”. El profeta Jeremías, por su entrega y sacrificio, por buscar siempre el bien del pueblo, por denunciar los pecados, ¿fue aplaudido? No.¿Le dieron un premio Nóbel de la Paz? No. Todo lo contrario. Fue perseguido, expulsado, odiado. Terminó trágicamente sufriendo el martirio.
Mis queridos amigos: mi vida cotidiana –por lo menos mi- me enseña que la gente acepta cuando se la adula, aplaude o felicita, pero quépeligroso es cuestionar el robo, la delincuencia, de modo especial a quienes tienen poder.
En estos días finalizó la visita del Papa León XIV a España. Para poder apreciar verdaderamente cuáles fueron los frutos concretos de su viaje apostólico, hay que esperar, pero sin lugar a dudas su mensaje –en muchos momentos- dejó huellas profundas en numerosas personas. Su voz fue verdaderamente profética cuando cuestionó la legalización del aborto, la eutanasia, la existencia de las ideologías de género, etc. A muchos nos impactó su actitud fuerte y contundente en el Parlamento español, cuandoen presencia de los diputados y senadores iba recordando los derechos fundamentales del hombre, afirmando: “Toda vida humana debe ser protegida desde la concepción hasta la muerte natural…” “Toda sociedad auténticamente justa se edifica sobre el reconocimiento de la dignidad de la persona humana”. “Ante cualquier ideología está primero la persona humana que es el principio, sujeto y fin de todas las instituciones”.
Hoy necesitamos personas íntegras y valientes para poder decir estas cosas sin preocuparse ni por el lugar ni por las circunstancias. Al reflexionar sobre los textos de hoy, cada uno de nosotros debe preguntarse: ¿Me considero una persona libre, valiente y decidida para cuestionar las mentiras, para bregar por la verdad y el “Bien Común”? ¿Vivo auténticamente mi misión profética escuchando más a Dios que a los hombres? Hoy, tal como están las cosas, no podemos ser tibios especulandoo calculando sobre lo que dirán: ¿Me criticarán? ¿Me elogiarán? ¿Me aceptarán o excluirán?
Monseñor Romero, obispo y mártir, antes de ser asesinado por el poder de turno, cuando les clausuraron muchas emisoras radiales, el día 27 de enero de 1980, dijo: «Si nos quitan la radio seremos entonces nosotros vivientes micrófonos del Señor y pronunciaremos por todas partes su Palabra». Sin lugar a dudas nos emociona y estremece su actitud devalentía, pero sus palabras ¿cuestionan e interrogan nuestro modo de ser y actuar?
Concluyendo, pido a Dios que nos acompañen las palabras de Santa Teresa de Ávila, que en momentos difíciles de su vida, pero confiando en Dios, decía: “Nada te turbe, nada te espante. Todo se pasa, Dios no se muda. Quien a Dios tiene nada la falta. Solo Dios basta”.
Que Dios nos bendiga.