Queridos Amigos. ¿Cómo están? Transitando ya el segundo domingo de Cuaresma, la liturgia de la Palabra de Dios nos invita, una vez más, a revisar nuestra vida personal y comunitaria.

         Hoy, me llega profundamente el texto del Libro del Génesis donde Dios se dirige a Abraham diciendo: “Sal de tu tierra natal y la casa de tu padre, ve al país que yo te mostraréDios invita a Abraham a salir de su contexto familiar, de su realidad conocida, para entrar en otra, nueva. “Sal”, le dice el Señor. Abraham obedece, se deja llevar por la Palabra de Dios. No tenía ninguna ruta trazada, no tenía ningún GPS que loorientara, cada día y en cada momento debía ir discerniendo, buscando y respondiendo a la Voluntad de Dios. Y Dios bendijo a Abraham. Por ello hoy nos lo presenta como modelo de vida y de fe para todos.

​Mis queridos amigos: vivir una vida humana consiste en hacer un permanente éxodo. Pero ¿hacia dónde ir? ¿Qué rumbo elegir? ¿Alguien sabe hacia dónde camina la humanidad? Vivimos cada vez más de prisa, tenemos más información, más tecnologías, pero ¿sabemos para qué vivimos? Tengo mis dudas. Hace tiempo un estudiante norteamericano de 22 años escribía estas palabras que nos invitan a una profunda reflexión: “Poseo un título universitario, tengo un coche de lujo, gozo de una total independencia financiera y se me ofrece más sexo y prestigio del que puedodisfrutar. Pero lo que me pregunto es ¿qué sentido tiene todo esto? 

En el contexto de la existencia humana actual, ¿hay lugar para Dios? ¿Queremos vivir guiados únicamente por nuestra razón como nos propone la sociedad, o ponemos nuestra confianza en Dios, como lo hizo Abraham? Cuánta razón tiene el escritor ruso Lev Tolstoi diciendo: “El hombre puede ignorar que tiene religión, como puede ignorar que tiene un corazón; pero sin religión, como sin corazón, el hombre no puede existir”. ¡Qué verdad maravillosa y profunda a la vez!

La expresión “sal de la casa de tu padre implica abandonar muchascosas y realidades; significa abrirnos a otros horizontes todavía desconocidos, pues siempre se pueden hacer las cosas de otra manera.

No estamos bien en muchos ámbitos de nuestra vida y en nuestra Patria querida. Los hechos que pudimos obvervar en la Cámara de Diputados, el pasado 19 de febrero, nos dejaron consternados e indignados. Nuestros legisladores, que deberían ser ejemplos y modelos de vida, nos presentaron una clase magistral de maleducados. Con dolor digo ¡Qué falta de respeto al maravilloso pueblo argentino!

Uno de tantos hombres que se dejó transformar por la Palabra de Dios e inquieta hoy a muchas personas, fue el P. Arnoldo Janssen. Cuando escuchó la llamada: “Sal de la casa de tu padre…”, dejó su vida tranquila de sacerdote y profesor de matemáticas, fundando una congregación misionera para llevar la buena noticia a los demás. El 1° de marzo de 1891 fundó el Colegio San José de Esperanza, convencido de que no hay evangelización sin educación. Ya en aquel tiempo, siendo un hombre visionario, sabía que el desarrollo de la sociedad dependía de la educación. Y la educación, básicamente depende de los educadores. Pero, ¡Cómo nos cuesta comprender hoy esta verdad tan simple y profunda! Me pregunto: Los educadores, que son los responsables por la formación de futuros ciudadanos y profesionales ¿no deberían ser más reconocidos y mejor remunerados? Cuánta deuda tenemos con la educación argentina, hipotecando la vida futura de “nuestros tesoros” más preciosos que son nuestros niños adolescentes y jóvenes.

Motivado por un nuevo aniversario de la fundación de mi querido Colegio San José de Esperanza, donde desde hace 16 años trabajo desarrollando mi tarea misionera, escribo estas palabras. Ya son 135 años de sembrar las semillas de la Palabra de Dios en el corazón de nuestra comunidad. Qué momento oportuno “Kairós” para alabar a Dios por tantas gracias recibidas, por tanta gente maravillosa que pasó a lo largo de la historia, y que actualmente está trabajando. La bella ciudad de Esperanza y la vida de miles de personas, hoy grandes profesionales, no se entienden sin la presencia de la Congregación del Verbo Divino y sin la maravillosa tarea evangelizadora del Colegio San José. 

Esta llamada de Dios, hecha a Abraham: “Sal”, hoy se hace a la Iglesia, a los cristianos, porque en nuestra sociedad muchos valores humanos y evangélicos quedaron invertidos, reemplazados o simplemente eliminados. La proclamación del Evangelio hoy debe ser escuchada no sólo en los templos, sino en los nuevos “Areópagos de la vida social, educativa, política y económica.

Pensemos por unos minutos sobre lo que somos y hacemos tanto a nivel personal, como comunitario. Pongamos más confianza en Dios que en los hombres, como lo hizo nuestro Patriarca Abraham.

Que Dios nos bendiga.
Padre Tadeo SVD.