Queridos Amigos de todos los domingos. ¿Cómo están? Transitamosel Tiempo Pascual en el que leemos los relatos sobre la presencia de Jesús Resucitado. Jesús está vivo y esta es la gran Noticia.
Los discípulos, después de la Resurrección del Señor tristes y abatidos, poco a poco fueron recuperando sus vidas, volvieron a las actividades, descubrieron la presencia de Dios. Es maravilloso constatar que el Dios de Jesús no es solo un objeto de culto, sino que se nos revela permanentemente a través de las personas y los acontecimientos de la vida cotidiana. Incluso es importante afirmar que cada uno de nosotros es un sagrario humano de Jesús.
Hoy, en el centro del Evangelio, está el relato de los discípulos de Emaús, y la frase: “¿No ardía nuestro corazón, cuando nos explicaba las Escrituras?”. La Palabra de Dios tiene un poder “mágico”, con su gracia nos ilumina y nos transforma, tal como lo cuenta esta bella historia: “Un novicio decía al santo: – Padre, es que yo leo la Biblia y no se me queda casi nada. El santo entonces mandó al joven a sacar agua de un profundo pozo con un canasto empolvado y sucio. Después de una hora le preguntó: -¿Has logrado sacar agua? Nada, respondió el discípulo, toda se sale por las rendijas del canasto. Y el canasto, ¿cómo ha quedado?, preguntó el maestro. Ah, el canasto si ha quedado totalmente limpio, sin polvo y sin basura. Mira, le dijo san Arsenio, eso es lo que hace en tu vida la lectura de las Sagradas Escrituras: aunque no se te quede casi nada en tu memoria, la Palabra de Dios te va manteniendo el alma limpia, y va alejando de ti la mancha del pecado y la basura de los vicios”.
Volviendo al texto del Evangelio y a la frase: ¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?, percibimos algo maravilloso. Los apóstoles, miedosos, que se escapaban de Jerusalén, ahora vuelven a la Ciudad Santa transformados. El cambio que se ha producido en ellos es tan radical, que cuando las autoridades religiosas les prohíben hablar en nombre de Jesús, ellos lesresponden: “No podemos callar lo que hemos visto y oído.” Y cuando los amenazan con la persecución, Pedro, en nombre de todos responde: “Primero hay que escuchar a Dios y después a los hombres”. Los Apóstoles pueden decirlo porque tienen un fuego en su corazón, están dispuestos a entregar la vida por su Maestro. Si hoy nos cuesta tanto ser agentes de evangelización: ¿No será porque nuestro corazón se ha enfriado, porque nos faltan el ardor y la pasión, y una profunda experiencia de Dios, como la de los Apóstoles?
“¿No ardía acaso nuestro corazón? – exclamaban los Apóstoles y lo podían hacer porque sus corazones quedaron ensanchados e inflamados por el inmenso Amor de Jesús. Lamentablemente también hay momentos en nuestras vidas cuando el corazón humano se paraliza. ¿No sentíamos nosotros esta sensación de impotencia ante la tragedia acontecida en la escuela de San Cristóbal? Es bueno buscar las causas, reflexionar, reconstruir los hechos, analizar contextos, pero es necesario bajar hasta el abismo de un corazón humano para poder encontrar una explicación más profunda y verdadera.
Se puede hablar de muchos factores como: de señales que no fueron escuchadas, de fallas institucionales de la Escuela, etc. Todo esto puede aportar elementos valiosos, pero ninguno –por lo menos para mí- alcanza elfondo de la cuestión. Este hecho como tantos otros, pone en evidencia el gran vacío de sentido que atraviesa nuestra cultura. Vivimos en un contexto donde la vida humana muchas veces carece de sentido, donde las preguntasreales: ¿Para qué vivir? ¿Qué valor tiene el otro? ¿Qué significa la muerte?, quedan silenciadas o banalizadas. ¿Alcanzan las herramientas puramente humanas y científicas para explicar el misterio de la existencia humana? La vida es un MISTERIO. La vida, el regalo de Dios más bello que hemos recibido gratuitamente, debemos cuidarla. El problema del sentido de la vida no es una cuestión secundaria, es el punto central de nuestra existencia humana.
El “vacío existencial” causado por la ausencia de Dios, no se llena con estupefacientes, música sonora o placer, como nos propone la actual “cultura del tener”. El corazón humano exige algo más que cosasmateriales, permanentemente busca a Dios tal como lo afirma bellamente San Agustín: “Señor, me has creado para ti y mi corazón siempre estará inquieto hasta que no repose en ti”.
Queridos amigos, pensemos por unos minutos sobre nuestra vida y los hechos diarios que nos cuestionan e interpelan. Como los Apóstoles del Evangelio, hoy nosotros necesitamos acercarnos más a Dios para que ardade nuevo nuestro corazón.
Que Dios nos bendiga